lunes, 21 de diciembre de 2015

EL ARTE DE ENAMORARSE SIN UN FINAL



EL ENAMORAMIENTO DE UNA IDEA

“Nada supera al romántico cine Italiano y el beso de un galán francés”, declaración muy extendida en la Europa del siglo XX y que a través del tiempo se ha convertido en toda una impronta, que ha resultado ser demasiado atractiva para los viajeros y turistas de todas las latitudes, sin excepción. 

Y no es fruto de la casualidad esta aseveración, partiendo de los escenarios icónicos que representan estas dos naciones del mundo: Cine, teatro, vino, velas, música y poemas, que se conjugan con la ropa de los mejores paños y el aroma que se desprende de las más finas y variadas marcas de perfumes. Este legado que aún sobrevive y se niega a desaparecer, se ha constituido en mucho más que un eslogan posicionado por el paso del tiempo. Es el resultado de una fuerza, que además de ser misteriosa, lleva fincada en su alma una frase de seis letras maravillosas: ¡Pasión!
 
¡Si! Pasión; una desbordante sed de sensaciones, emociones y afectos, que trascienden la esfera de la cotidianidad, para convertirse en toda una filosofía de vida, credo y esplendor, que socava todo vestigio de oscuridad, rutina o convencionalidad; es nacer en cada instante, es vivir para hacerlo todo posible, es creer que puede ser y hacerlo realidad: ¡esas son las buenas ideas!

Pero viajemos un poco más y atravesemos el índico, para encontrarnos cara a cara con el impresionante monte Fuji, la disciplina, la perseverancia y constancia del hombre nipón y el delicado encanto de sus mujeres, que con su gracia conquistan a occidente. Japón es marco obligado de creatividad e innovación constante. Es la meca del hechizo electrónico, donde las ideas pululan como mariposas en primavera y en donde yacen mil historias interesantes de cómo enamorarse de una idea.



Soichiro Honda, de familia pobre, pésimo estudiante, inquieto, mecánico empírico despreciado por Toyota; un soñador irremediable, que afrontó a lo largo de su vida más caídas que aciertos, da color a un sueño, para despertarse y colocar un motor a una rústica bicicleta, precipitando la "pequeña suma" de 5.000 solicitudes de su producto, y de esta forma constituir uno de los más grandes imperios de  motocicletas del mundo. 

Para el espectador ajeno resultaría común esta iniciativa, pero cabe decir que la antesala de esta gran negocio estuvo precedida por una serie de adversidades, que en ningún momento fueron capaces de apagar el fuego intenso anidado en el corazón del señor Honda y que si se pudiera leer nos diría:

"Cada adversidad es una ocasión maravillosa para encontrar oportunidades"
 
Quizá uno de los ejercicios más grandes y  difíciles de estas nuevas generaciones esté en discernir el valor del tiempo, el aprendizaje, la moda, los medios de comunicación, el uso racional de los telefónos llamados "inteligentes",  la música con armonía, la sensación de una lluvia en verano o el calor de hogar en el invierno, para convencerse que nada detiene a la "locomotora" de una buena idea, cuando se abre el corazón y se comparte el estar enamorado de ella. 



William Alfaro L.

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